lunes, 18 de febrero de 2008

Un periodista muere solo

José Arias
SANTO DOMINGO (R. Dominicana).- Fermin, el autor de los bocadillos en los años 70 y 80, está grave. Sus horas en este sainete desafortunado de risas y odios, está cerca. Siete años de un largo y tortuoso cancer de próstata, imbatible y sediento de malos momentos para su familia y para él, sobre todo. Siete años de ausencia de sus viejos amigos de generación periodística. Nadie ha venido a verlo. Me pregunta por todos y todos a la una, como los Tres Mosqueteros, no son ni han han sido capaces de por lo menos , una llamada telefónica. Las prisas de este tráfago vital en busca del pan para comer, es la justificación mayor. Si mi abuela viviera, estuviera viva. O lo que es lo mismo ¿a mi que me importa? Fermin, el Ingenioso Caballero de Moca, se muere en mis brazos, lenta, inexorable y sin prisas... Mi más admirado cantante de boleros a lo Pirela o Monroig. Degustador de bohemias en el Bar Roxys en los tiempos cuando el Conde no era un arrabal de cueros, chulos de mala muerte y mendigos. Habitué del Vizcaya de los años sesenta, cuando se podía tener una conversación y no morir en el intento. Amante de la vida sin muecas ni sombras. Buen hombre, como el que más. Cascarrabias pero sincero, como le toca a los hombres de una estirpe que se extingue en este muladar de ladrones con villas de lujo, simuladores, de este yipetaje obsceno y vulgar. Fermin, el que le sacaba la lengua todos los dias a través de sus escritos y su guión radial por Radio Popular a esta sociedad corrupta, hipócrita, mediocre y anclada en el oportunismo político, la mentira y el desgano infame y cruel de intentar, por lo menos intentar, construir un proyecto de nación para todos, se me muere lentamente. Falta hombres y falta Patria, dijo Amaury. Perdonen mi "comunismo trasnochado". Gracias por todo. Pero no acepto homenajes, en caso de que se les ocurra, como siempre pasa.

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